Mientras esperas un pasaje (de avión si es posible) que te lleve lejos, muy lejos de tu tierra, familia, amigos, y hasta de tu tan anhelada vida, comienzas a creer en lo imposible, en lo que realmente esperas que "algún día" suceda. Empiezas por darte cuenta que no has hecho nada que realmente te llene el alma (o el espíritu) no sientes el verdadero gozo de ese "no se qué". La espera puede ser larga (o corta) pero lo importante es persistir. Las decepciones llenan el alma de tristeza, las alegrías tal vez corrompen esa amargura con sonrisas (esas sonrisas que no envenenan el alma).
El pasaje finalmente llega a destino, lo recibes en paz y luego (rápidamente) escapas de tu propio destino. ¿la razón? la decepción (estúpidez) humana.
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2 comentarios:
siento que me cae
agua con miel en ocasiones,
en otras la sangre
amarga mis tardes
de silueta llena de calor
y nubes ojerosas.
Casi todo es efímero, pocas cosas perduran, dicen que el amor verdadero lo hace, otros, sin embargo, dicen que no existe, yo no creo ni a unos ni a otros, porque, en el fondo, sé que hay tantas realidades como personas.
Besos mágicos para Andrea desde la profunda y dura estepa castellana
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